11 nov. 2010

Miro por la ventana muchas noches al acostarme, edificios que llegan al cielo, decorados con luces, curioso se ven estrellas, me siento rodeado de la urbe, esto podría parecer contradictorio, pero aquí me siento más tranquilo, es como algo energético, lo notas y puedes dormir.
Echo de menos mi radio, la que me conectaba con mi país, cuando la
madrugada empezaba a vivir, allí era la mañana, las primeras luces del
día, quizás el canto del gallo esté entonando su quejido, podría levantarme y poner la radio en mi portátil, pero no es lo mismo, el encanto es dormirte escuchándola en tu oído. Así siempre ha sido desde hace años.

Ahora puede que dedique más tiempo a leer, a sentir que lo que fluye está más cerca de tu esencia, imagino la cantidad de ruidos con que vivimos, es imposible que no nos demos cuenta, siempre he pensado que el sol te da la vida, pero la noche deja que te escuches, te acerques, se podría decir que es como una meditación donde todos los fluidos recorren como un rio para terminar encontrándose en el mismo corazón, eso hace que despiertes.

Imagínense un lama meditando en medio de la avenida principal de su ciudad, imposible diría yo, pero los humanos vamos hacia el sol como mariposas perdidas, hipnotizadas por la fuerte luz de la que ella emana, quizás lo que creemos que es lícito para el ser humano, lo es también para hacerle olvidar quién es de verdad, si no, pregúntele usted a cualquiera sobre su vida, la mayoría piensan como físicos, tengo, poseo, aspiro, las cosas tangibles que les hace olvidar, que alimentan su karma haciéndoles durmientes.

Las cosas con medida, si no, ¿acaso la vida no se mide en centímetros? Si somos seres corruptibles esperamos conseguir la herencia de Abrahán, y mientras nos prometen una vida eterna si seguimos a la luz, curioso.

Desde esta ventana observo las luces de las ventanas, el contraste con un cielo negro marino, y sigo la pendiente del sueño, pero mi corazón está tranquilo, puedo respirar y no tengo miedos, porque es mi hora, mi autentico momento.

En un piso trece, ni se me hubiese ocurrido vivir después del terremoto, eh ahí, tantas vueltas da la vida, desde que crees que el cielo te aplastaría la cabeza, hasta que se convierte en el mejor espectáculo a las puertas del sueño.

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