1 oct. 2011

El mordísco del lobo

La fuerza, el sentido de lo esperado, el deseo muerto en un pensamiento cautivo, me siento a mirar esta película de acontecimientos y dejo pasar los segundos, en la otra orilla, al lado mismo de último cielo lo vivido me lleva a recordar, me persigue el lobo, es mi sombra en la letanía, muerde acaricia mi mano con su cuerpo, se ha vuelto dócil y yo sin hacer nada, me espera, con la paciencia depreda mi sombra para liberarme de ella. es el lobo que antaño compartía carne conmigo, el que abría su boca para mostrarme su peligro, para sellar un pacto de hermano, y yo sutilmente he ido olvidando.

Ha vuelto, ni en las estrellas sucumbe la mirada, si salgo él me acompaña, camino solo por entre las calles de está triste ciudad, y su lengua parece reclinar con el cansancio de los años, pero sé que juega al despiste, a que crea que en su debilidad me haga bajar la guardia, para que olvide y no le tenga miedo, para que despierte de este largo sueño.

Ha vuelto. y le observo, lo miro con cautela porque se que me depreda el alma con sus ojos, castiga mis sueños, y cuando ría por su presencia saltará ávido de mi cuello, sentiré su beso en mi garganta y tengo miedo de ese momento, un guerrero derrotado ha envilecido media vida, y él ha venido a mostrarmela de nuevo, y cuando respire o cuando sienta el ahogo del miedo recobraré lo que he sido.

El lobo ha vuelto, ha vencido, ya no persigue mi sombra, la ha mordido por última vez, siento su destreza. Ahora me habla y lo entiendo, me entiende. era yo quién se había ido.

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